COMPROMISO CON LOS MENDOCINOS
I.-
Todos tenemos un sueño: el mío es una Mendoza donde prevalezca la igualdad en la ley y en el trato; donde se respete toda la gente, sin importar su edad, su sexo, ni el lugar donde vive. Sueño con una Mendoza donde se abren amplios horizontes a los jóvenes y donde no se abandone a los más débiles. Sueño con una Mendoza fuerte y generosa, abierta y tolerante, justa y segura; con instituciones democráticas que inviten a la participación e impulsen las potencialidades de cada mendocino.
Sueño con una comunidad unida, con una patria decente, en una Nación solidaria; donde podamos crecer con más y mejores empleos; con una educación que permita hacer cierta la igualdad de oportunidades; con una reforma integral de la salud, para que se respete a rajatabla el derecho igualitario a su acceso; con plena integración de las mujeres; con un Estado protector de las personas y de sus familias; con una cultura al alcance de todos; con una autoridad firme que venza a la delincuencia, para vivir seguros en nuestras casas y en nuestras calles, a toda hora y en todo lugar. Sueño con una democracia plena, igualdad de derechos y mejor trato.
Estamos hoy frente a una decisión crucial, porque se trata de elegir en realidad la Mendoza del siglo XXI, la Mendoza que debemos construir ineludiblemente e inexcusablemente para las generaciones venideras.
No hay que dejarse engañar por las dificultades presentes, ni dejarse confundir por las soluciones demagógicas o las salidas mágicas que nos seguirán haciendo retroceder, o nos mantendrían en el mejor de los casos hundidos en el estancamiento, siempre más cerca del peor pasado que del futuro promisorio.
Les ofrezco todo mi esfuerzo en esta síntesis de mi Plan de Gobierno, que es un proyecto de futuro y no un balance respecto del presente, que ya todos conocen y la mayoría sufren.
II.-
Gobernar no puede seguir siendo fruto de la improvisación.
Nos estamos preparando con un equipo de personas capaces y honradas, que tienen experiencia y están comprometidas con el futuro de Mendoza.
Me presento a ustedes con la suficiente antelación, para obtener la confianza de los mendocinos en base a la participación concreta, activa, real y solidaria.
En los últimos años nuestra provincia ha cambiado mucho.
Contamos con más de la mitad de la fuerza laboral con problemas de trabajo, directamente sin empleo, con salarios insatisfactorios que no permiten gozar de una vida digna.
La Seguridad Social no está garantizada para todos y nuestras cuentas públicas distan mucho de encontrarse saneadas.
Quedan muy lejos los tiempos del optimismo, pero no son inalcanzables.
Adonde voy encuentro una justificada tristeza, desilusión y descreimiento.
Hoy somos una sociedad estancada e incapaz de afrontar con éxito los nuevos retos del siglo XXI. Sin embargo, sé a ciencia cierta que JUNTOS PODEMOS salir adelante, sobre todo si sabemos GOBERNAR PARA TODOS.
Ofrecemos aquí una síntesis del proyecto político que han diseñado y perfeccionan muchos mendocinos de distintos puntos de la provincia.
Todos pueden hacer aportes para perfeccionarlo.
Es un Programa de Gobierno que busca modernizar la sociedad y dar mayor calidad de vida a los mendocinos, enfrentando directamente cada uno de los problemas.
Este programa tiene por horizonte garantizar un futuro mejor para todos. Por eso en él proponemos metas ambiciosas pero al mismo tiempo realizables. Para lograr estabilidad institucional, crear más y mejores empleos, establecer las bases del bienestar, hacer compatible el medio ambiente con el crecimiento, e impulsar nuestra proyección internacional.
III.-
No propongo nada que no pueda cumplir y mi experiencia en la gestión pública avala cada una de mis palabras.
En tal sentido, el respeto a las reglas de juego es clave para el bienestar y el progreso de Mendoza y de sus habitantes. Creemos en una Mendoza solidaria, segura, cohesionada y justa, respetando los derechos de todos, sea cual sea el lugar en el que vivamos, la edad o el sexo.
Creo en una Mendoza realmente integrada, porque eso nos fortalecerá y hará de cada uno de nuestros proyectos una salida sostenible en el tiempo, no algo ocasional y sólo para salvar la coyuntura.
Por eso debemos lograr un dinamismo económico que nos permita salir de la zona de marginación en que nos encontramos y así atraer las inversiones necesarias, aquellas cuyo signo es la producción y no la especulación.
Hoy estamos lejos de lograr que todos los mendocinos tengan trabajo, se sientan seguros en la calle y en sus casas, o consideren que la educación o el sistema de salud están a la altura de sus necesidades.
También estamos lejos de garantizar la permanencia de los trabajos actuales, y estamos lejos de generar nuevos empleos, y mucho más lejos de recuperar la dignidad salarial. Sólo se consigue que más jóvenes y mujeres no trabajen, que más hombres se vean apartados del sistema laboral cuando aún no tienen 40 años, que más personas se alejen definitivamente del sistema social.
También queremos un futuro mejor para nuestros mayores, ofreciéndoles una mejor atención, una comprensión real de sus necesidades, y una respuesta concreta a cada una de ellas.
Por eso tenemos que avanzar unidos, porque JUNTOS PODEMOS crecer y cambiar la realidad.
Queremos que sea compatible trabajar y poder disfrutar de la vida familiar.
Queremos que sea más fácil el acceso a la vivienda para los jóvenes.
Queremos que las personas con discapacidad tengan nuevas oportunidades
y mayor calidad de vida.
El futuro debe ser una sociedad cohesionada, más libre y más segura,
pero sobre todo más justa, comprometida con la igualdad
en su sentido más amplio y más profundo.
La seguridad garantiza el ejercicio de la libertad.
La seguridad atrae inversiones.
La seguridad nos devuelve la alegría.
Por eso, habrá más policías al servicio del ciudadano,
y estarán más cerca de todos,
con capacitación adecuada, sueldos dignos
y armas a la altura de las circunstancias.
Ganar el futuro exige seguir mejorando la calidad de nuestra educación
y hacer posible el acceso de todos a las nuevas tecnologías.
Una educación de calidad favorece la igualdad de oportunidades.
Nos comprometemos a que los mendocinos cuenten
con un sistema de salud que respete los mismos derechos para todos.
Queremos una provincia dinámica, vertebrada, articulada e integrada,
mediante una red de infraestructuras moderna que
favorezca el crecimiento económico equilibrado en toda Mendoza,
revalorizando las zonas rurales y dotándolas de las mejorías que se merecen.
La innovación tecnológica es una apuesta estratégica
capaz de permitir que cada vez más empresas mendocinas sean líderes.
Las pequeñas y medianas empresas van a ser la base de
nuestro tejido productivo y el corazón mismo de la sustentabilidad provincial.
Nuestro Programa de Gobierno es ambicioso, pero al mismo tiempo
es perfectible y perfectamente realizable.
Porque planteamos un horizonte de prosperidad y estabilidad
en el que todos caben y nadie queda al margen.
Proponemos una sociedad abierta donde las personas sean protagonistas
y tengan cada vez más oportunidades.
Proponemos una sociedad en la que todos pueden mejorar,
Porque vivimos aún un período de inestabilidad laboral, falta de libertad
y progreso a raíz de la inseguridad cotidiana,
permanente angustia por el presente
e incertidumbre constante por el futuro.
Mejorar está al alcance de nuestras manos,
pero además es nuestra responsabilidad.
Hay que participar y comprometerse.
Por mi parte, me comprometo personalmente a recibir la confianza
de los mendocinos y encabezar sus esperanzas,
cumpliendo con honestidad cada uno de los puntos aquí establecidos
y todos aquellos que acuerden de aquí en más quienes están convencidos
como yo de que JUNTOS PODEMOS,
con el respaldo de todos aquellos que creen posible cambiar la realidad.
Por todo esto el nuestro es un compromiso fundamentalmente moral. Porque de eso se trata la elección del Gobernador de Mendoza. De un tema moral se trata, no de política, sino de valores. No se trata de un espectáculo publicitario, sino de una cuestión de principios.
Porque no son morales las desigualdades, las injusticias y la inseguridad que existe entre los mendocinos.
Porque no son morales las desigualdades de acceso a la salud, a la justicia y a la seguridad.
Porque no son morales las desigualdades entre jóvenes y adultos, entre hombres y mujeres, entre regiones y municipios.
Porque no es moral la discriminación que sufren los discapacitados, los mayores y los más pobres.
INTRODUCCIÓN
Hoy, el viejo sueño de una Mendoza moderna, desarrollada e integrada, sigue intacto. El sueño que tantos mendocinos alentaron y alientan, no se ha cumplido: hoy, Mendoza no es una sociedad libre, no está preparada para el cambio necesario, es incapaz de afrontar los retos del desarrollo y de la modernización. Este ha sido y es el resultado de la improvisación. Es hora de dirigir Mendoza hacia la conquista de su futuro, desde los valores de igualdad, libertad y solidaridad.
Tenemos la responsabilidad de desarrollar un Estado Autónomo, la tarea de impulsar la vida Municipal independiente, la obligación de desarrollar la democracia local y convertir a los municipios en administraciones cercanas y participativas, respecto de la gente.
Debemos responder también a la aspiración ciudadana de seguridad, contando además con un Estado justo en el que la enseñanza y la sanidad sean servicios universales y se garantizasen las prestaciones básicas en las situaciones más vulnerables.
Debemos responder a la aspiración de nuestra integración de Mendoza al MERCOSUR (un proyecto al que pertenecemos por historia y por geografía, por cultura y por vocación), y luego una integración planificada al mundo.
Debemos modernizar las estructuras y el funcionamiento de nuestra economía, aplicando un ambicioso programa de infraestructuras.
Estos son algunos de los desafíos básicos que la sociedad mendocina tiene y a los que no se les ha dado una respuesta adecuada. Debemos salir del estancamiento y el descreimiento. Los últimos años han supuesto un claro retroceso en la calidad de nuestro sistema de vida; una regresión en las instituciones protectoras del Estado y del gasto social, al tiempo que se incrementaba la presión fiscal; una dinámica negadora, y por lo tanto desmembradora del carácter plural de nuestra provincia; sin ninguna estrategia o política elaborada y sostenida por consenso, por convicción y por planificación.
Las grandes decisiones se han adoptado y se adoptan en solitario. Muchas veces desoyendo el clamor popular e ignorando la protesta unánime de los demás grupos políticos en la Legislatura Provincial; provocando una serie de rupturas institucionales, fragilizando y aislando la provincia. Y, cuando se han visto en la necesidad de justificar sus decisiones, han recurrido a la manipulación de datos, al ocultamiento de información, a la mentira sobre las causas, los objetivos y las circunstancias de cada situación problemática; sin contar las veces que hemos escuchado a algunos ministros opinar negativamente sobre la posibilidad de solucionar problemas, haciendo gala de su manifiesta y reiterada incapacidad.
Al mismo tiempo, no se han sabido aprovechar los beneficios de una fase favorable de la economía (entre otros elementos, el excelente precio internacional del petróleo, por ejemplo), para mejorar el bienestar de los ciudadanos, la modernización provincial y la inversión productiva. Se produce así la paradoja de que la economía de Mendoza crece en los grandes números, pero al mismo tiempo se incrementa el endeudamiento de las familias (cerca de la mitad de los mendocinos se encuentran en el umbral de la pobreza, y de ellos un alto porcentaje vive directamente en la miseria; se multiplica hasta límites insoportables la inestabilidad laboral, y se ahoga en la desazón a los ciudadanos que aspiran a una vivienda digna. Mientras tanto, los servicios públicos esenciales (educación, sanidad, seguridad, administración de justicia, etc.), se deterioran paulatinamente a causa de la falta de dotaciones presupuestarias adecuadas, de políticas estratégicas, de planificación y de reformas tanto en su regulación como en su organización e instrumentación.
Las consecuencias las sufren, como siempre, los más débiles (jóvenes, mujeres, discapacitados, ancianos, desempleados, etc.), que se ven abandonados a su suerte y contemplan así, ante la falta de solidaridad de los poderes públicos, que se esfuman sus posibilidades de llevar a la práctica un proyecto digno de vida, viendo con amargura el desprecio y atropello de sus derechos constitucionales más básicos.
Estos han sido y son años de deterioro de las normas y las formas democráticas; han sido y son tiempos de deterioro de los valores y de la esperanza; tiempos de tácticas de descalificación del adversario y de crispación social; tiempos en que se ha sembrado la desconfianza y el descreimiento colectivo. Se ha ocupado en eso el tiempo que debió y debe invertirse en planificar e instrumentar una estrategia para ingresar en la globalización económica, para avanzar en la revolución tecnológica, para introducirnos en la sociedad de la información y el conocimiento, para evitar la emigración masiva, para aminorar los efectos de las alteraciones sociales, para aprender y practicar las nuevas formas de producción, para contar con los avances de la medicina, para adecuar la sociedad a las transformaciones de la familia… Todo esto exige planteamientos nuevos que puedan ofrecer verdaderas respuestas de futuro.
Para aprovechar las oportunidades que el mundo actual nos ofrece y eludir los riesgos que comporta, estoy firmemente convencido de que se requiere un cambio de Gobierno, un cambio en la forma de gobernar, un cambio en la manera de entender la realidad, un cambio que contemple y aproveche la posibilidad de integrarnos, porque JUNTOS PODEMOS.
Mendoza tiene que alcanzar en los próximos años tres grandes objetivos, que son imprescindibles para inaugurar un proceso modernizador real, ante la parálisis en que se encuentra y las consecuencias que trae la misma, de cara a una fecha tan demostrativa de nuestra edad institucional como es el Bicentenario.
El primero de estos objetivos es la participación activa de Mendoza en el desarrollo y fortalecimiento del Mercosur, en estrecha alianza con las provincias que tienen una voluntad decidida de seguir avanzando en esa tarea. Argentina ha cambiado y está cambiando.
Este es un momento histórico que exige un salto cualitativo indispensable, en la aspiración de desarrollar potencialidades que sirvan de elemento equilibrante, para lograr la paz social capaz de proyectar un modelo de cohesión basado en el consenso, en el respeto a la diversidad, en la garantía de los derechos y libertades, y en la solidaridad.
En la actual Mendoza disgregada y descreída, necesitamos consolidar un proyecto común que asuman como propio todos los mendocinos. Este es el segundo gran objetivo que nos planteamos para los próximos años: fortalecer la cohesión de la Mendoza plural e integrada. Si se olvida o se sojuzga a cualquiera de sus habitantes, todos perdemos algo, sea cual sea nuestro lugar de nacimiento o residencia. Para lograrlo, quiero asumir cuatro grandes compromisos: revitalizar las relaciones entre el Gobierno Provincial y los Gobiernos Municipales; abordar las reformas legales necesarias, incluidas las constitucionales, que aseguren una representación territorial verdadera, con la participación de las intendencias en la conformación de la voluntad del Estado; garantizar la cohesión y solidaridad interterritorial y proceder a una descentralización que tenga como protagonistas a los municipios.
El tercer gran objetivo que proponemos para Mendoza, es un nuevo concepto de ciudadanía basado en la garantía de los derechos sociales. El reconocimiento de derechos efectivos que conviertan la justicia y la solidaridad, de declaraciones formales, en contenidos reales de nuestro sistema político. Queremos que la ciudadanía, la condición de mendocino, signifique en el siglo XXI algo más que los derechos políticos y civiles clásicos. Los derechos de los ciudadanos deben extenderse a la protección ante las necesidades sociales básicas. Ciudadanía debe significar hoy, también, el derecho a la seguridad integral, a la sanidad, a la educación, a los servicios de atención a la familia, a la protección social, a las infraestructuras, a las comunicaciones y a la vivienda digna. En otras palabras; una concepción de la ciudadanía que compromete al Estado, en conjunto con la sociedad, a garantizar las condiciones del bienestar de los mendocinos.
Queremos impulsar una nueva etapa de nuestra historia, con un respetuoso reconocimiento por aquellos que la construyeron positivamente, como Pedro Pascual Segura, Tiburcio benegas, Emilio Civit, César Cipolletti, Ballofet, Coni, Guillermo Cano, Draghi Lucero, De Lucia, Hilario Cuadros y tantos otros.
Queremos encabezar el esfuerzo colectivo que se precisa, con el corazón y la memoria, para transformar profundamente la provincia y hacerla moderna, próspera y segura. Sé que lograrlo exige la participación de todos los ciudadanos. Y sé también que exige de los dirigentes un estilo distinto.
Hace años me comprometí públicamente a poner en práctica otra forma de hacer política. Una forma de hacer política que renunció al engaño, al doble lenguaje, a la manipulación de las opiniones, a saltar de un bando a otro. Una forma de hacer política que no subordine los intereses generales a los intereses electorales, de partido o sector. Una forma de hacer política abierta a la participación, al diálogo y al consenso. Hemos hecho este programa con ese espíritu. Con una participación muy amplia de ciudadanos, pero además con ilusión, con claridad y con la vista puesta en los intereses generales de Mendoza y de sus habitantes, mirando a cada mendocino a los ojos para sellar este compromiso.
Nuestro Proyecto de Gobierno es de todos los mendocinos y mi compromiso personal es con cada uno de ellos. En él empeño mi palabra, mi esfuerzo y mi experiencia. Por nosotros, por nuestros hijos y por Mendoza.
Celso Jaque